Siempre quisé saber como era posible dormir con los ojos abiertos. Me hacía preguntas tan tontas como ¿ves lo que pasa a tú alrededor?, ¿y al día siguiente lo recuerdas?. Absurdo, ¿verdad?, pues la noche pasada me propuse firmemente quedarme dormido sin cerrar al menos uno de mis ojos, y lo que pasó fue realmente curioso.
Sobre las dos de la mañana ahí estaba yo, panza arriba sobre mis sábanas color chocolate con una mano bajo mi cabeza y la otra rascándome la barbilla, ahora sé que estaba dormido pero en ese momento creía lo contrario, me decía a mí mismo que vaya pérdida de tiempo... con lo que tenía que hacer a la mañana siguiente. Pero entonces vi esa maravillosa luz acercarse a la ventana, al principio era azulada y diminuta, casi como un destello que desaparece al parpadear, pero al cabo de unos instantes atravesó el cristal y pude comprobar que era blanca de un tamaño similar al de una pelota de tenis.
Lejos de sobresaltarme continúe mirando impavido como se movía de arriba a abajo por toda la habitación sin emitir sonido alguno, pero hiponotizándome con su cadencia. Al cabo de unos instantes (aunque quizás pasarán varios minutos) se lanzó sobre mí atravesando mi pecho. El susto fue mayúsculo, no me di tiempo a reaccionar pero enseguida me di cuenta que no había notado nada así que continué en la misma postura, sólo que ahora me frotaba el pecho con la mano que antes aliviaba mi barbilla sin afeitar.
Parecía como si la cosa no fuera conmigo, pero sabía que no estaba soñando, ¿qué coño había pasado?. Sin tener aún respuestas fue cuando comencé a notar un confortable y cálido zumbido en el pecho, fue aumentando hasta casi arder, era puro fuego pero no quemaba, y fue entonces cuando sin saber como aparecí en mitad de un campo iluminado por la luna llena más grande y pálida que jamás había visto.
El cesped estaba húmedo, así que me levanté y comprobé que estaba totalmente desnudo aunque no sentía frío alguno. Comencé a caminar y encontré una senda por la que me pareció que se acercaba un jinete al galope.
- No puede ser...
Al cabo de un instante apareció tras un recodo del camino un jinete sobre un córcel mas blanco aún que la luna que se abalanzó sobre mí, logrando en el último instante apartarme no sin antes maldecir mi estampa.
El caballo se detiene, se vuelve sobre mí y me dice:
- Ti titi Ti titi....
Abro un ojo y veo que está sonando el despertardor, son las 07:30 horas, un jodío mosquito se ha cebado con mi tetilla derecha... vaya ronchón, como pica.
Después de asearme me doy cuenta de lo que ha pasado, consigue dormirme con los ojos abiertos y así fue como vi el origen de los sueños, o eso creía hasta que al hacer la cama encontré una brizna de hierba aún húmeda entra las sábanas...
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados